Retrat de Roma. Relat d'una viatgera inexperta
- Esperit Viatger
- 27 feb 2018
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 24 ene 2019

Viajar, nuestro gran amado, ese que nos enseña nuevos lugares ocultos, que nos pone la miel de la vida en los labios para luego quitárnosla cuando más la saboreamos, que nos hace aprender y disfrutar sin ni siquiera darnos cuenta, que nos embauca llevándonos por calles inhóspitas que acaban siendo pequeños paraísos que nunca olvidaremos. Hace poco tuve el privilegio de poder envolverme en el aroma que este amado nos ofrece de vez en cuando, acepté aún pensando que esa ciudad no tenía nada que ofrecerme, que unas simples ruinas no iban a conmocionarme, pero como solían decirme, todos merecemos una oportunidad.
“Un viaje exprés, una cámara y un pequeño proyecto en marcha, ¿el único problema? Ningún tipo de experiencia filmográfica, y todos sabíamos lo que eso significaba, iba a ser un completo desastre. ”
Sin pensármelo dos veces me subí al avión, preparada para ese suspiro de viaje, que al final, como siempre hace, me dejó con ganas de más.
Un viaje exprés, una cámara y un pequeño proyecto en marcha, ¿el único problema? Ningún tipo de experiencia filmográfica, y todos sabíamos lo que eso significaba, iba a ser un completo desastre. Pero, un pequeño contratiempo no iba a derrumbarme, iba a conseguir subir ese gran muro costara lo que costara, o al menos intentar escalarlo, porque, un intento fallido, nunca es un fracaso.
Conseguir capturar una esencia no es fácil, y menos aún si es del gigante que nunca muere, del rey de las ruinas, o del ladrón de mi corazón. No es de mi jurisdicción explicarle si lo conseguí o no, porque realmente no lo sé, eso tendrá que decidirlo usted, puede que no sea de su agrado, o puede que consiga retransmitir-le mis sentimientos a partir de unas simples imágenes, no lo sé, pero simplemente quiero que sepa, que, aunque no sea el mejor video del mundo, he aprendido de él.

He aprendido que no hay que rendirse, que a pesar de no conseguir superar el muro, tampoco me he estancado, que el próximo proyecto será mil veces mejor, también, a manos de mi amado, he aprendido que hay que probar antes de juzgar, que hay que dejarse llevar por el viento cálido del mediterráneo, que he de volver a esa maravillosa ciudad a por mi pequeño corazón, y que ojalá usted vuelva también, le prometo, que si le muestra a este gigante todo su amor, le pondrá un espejo delante de sus palabras, y, le enseñará una preciosa ciudad que no le dejará aire siquiera para poder suspira


Andrea Villarroya
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